Cualquier Verdura


Cosas que me gustan


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 La bella del Líbano

 Ella es más hermosa
 que los recuerdos
 que entornan deliciosamente los párpados
 de las mujeres del Líbano
 que el aire que azotan levemente las palabras
 de las mujeres del Líbano
 que el desatino y la furia
 que derrama por el día
 la gracia de las mujeres del Líbano.

 Ella es más hermosa
 que el espectáculo de las calles
 abarrotadas de espaldas
 por la máquina de la oración en el Líbano
 que los saltos aterciopelados de los gatos
 en las noches lujosas del Líbano
 que las rutas sacrílegas
 que atraviesan los ojos
 de los impasibles rufianes del Líbano.

 Ella es más hermosa
 que la mirada solitaria
 de los que dan de comer a los pájaros
 en los parques del Líbano
 que la unción de los vagabundos
 encargados de escuchar la noche en el Líbano
 que los pensamientos últimos de los suicidas
 en los puentes que cabalgan
 sobre el Litani en el Líbano.

 Ella es más hermosa
 que las miríadas de soles que se encienden
 en las medallas cuidadosamente lustradas
 en el pecho de los generales del Líbano
 que el lento estiércol
 de los sonoros caballos militares
 en la insolación de los días de desfile del Líbano
 que los límpidos bombardeos
 y las turbias conferencias de paz en el Líbano.

 Ella es más hermosa
 que la luminosa fantasía de los falsos adivinos
 y los verdaderos profetas del Líbano
 que la borra del café
 que dibuja los caminos del futuro en el Líbano
 que la ciencia del porvenir
 que corre por los oscuros canales del tiempo
 tan vertiginosamente en el Líbano.

 Ella es más hermosa
 que los lazos de sangre que unen
 la humedad, la tortura y los sueños
 en las corruptas, hediondas prisiones del Líbano
 que el viento que bate
 el árbol de los recuerdos indelebles
 de los condenados a muerte del Líbano
 que el llanto de Dios
 que humedece los cabellos
 de las victimas inocentes del Líbano.

 Ella es más hermosa
 que la alegría eterna
 y las penas violentas
 de los jóvenes enamorados del Líbano
 que la luz de plata y seda
 que sube hacia el cielo
 cuando el amante entierra el cuchillo
 en el pecho del amante
 en los pobres hoteles del Líbano
 que la emoción desnuda de los encuentros furtivos
 los besos en la garganta
 las citas secretas
 las cartas inesperadas
 los viajes de regreso
 que galvanizan los destinos
 de los hombres y las mujeres del Líbano.


Gianni Siccardi, del libro ELLA, Ediciones del Sol, Buenos Aires, Argentina, 1989.
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