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Menores de edad y contenido tóxico en la web

En Argentina, la primera causa de muerte violenta es el suicidio. En 2025, el número de suicidios fue 5 veces mayor que el de homicidios dolosos y creció un 22% respecto al año anterior. Parece haber una conexión con el empeoramiento de la situación económica y con el discurso de odio dominante.

Las personas que acceden a la web se encuentran, en lo que respecta a la cantidad de contenido, en una situación análoga a la de quien está al pie de una catarata. La cantidad de contenido, especialmente el audiovisual, es abrumadora. La generación de contenido con Inteligencia Artificial Generativa empeoró en gran medida el problema. Ante la cantidad, resulta difícil volver a ver un video para reconsiderar la validez de las afirmaciones o supuestos que contiene, ya que un algoritmo constantemente nos ofrece otros más.

Niños y adolescentes tienen mayores limitaciones que los adultos para filtrar el contenido tóxico y evitar ser convencidos y actuar en base a información falsa y discurso de odio.

Estas limitaciones son: las naturales propias de su edad madurativa; las derivadas de la dinámica de las relaciones con sus pares; y las propias de su entorno familiar.

Estos problemas se ven agravados por la naturaleza del medio audiovisual en contraposición al escrito. La música genera emociones que dificultan la actitud crítica y la postura independiente ante el mensaje. Lo mismo sucede con la entonación de la voz. A diferencia de un texto, la última palabra e imagen desaparecen inmediatamente, por lo que los cortes, los cambios de contexto y los temas en el guión aumentan la dificultad para evaluar el grado de verdad y la consistencia lógica del mensaje. Es poco frecuente, y en algunas plataformas muy difícil o imposible, reproducir varias veces el video para verficar las conexiones lógicas y las afirmaciones.

La dinámica de las relaciones con sus pares en la escuela y otros lugares de encuentro está fuertemente determinada por la pertenencia a un grupo y el efecto de los líderes que se forman, y forman, en esos grupos. Los costos de no pertenecer a un grupo son muy altos en comparación con aceptar sus ideas y reglas, aunque estas puedan al principio parecerles reñidas con sus ideas.

Para aquellos que buscan hacerse una posición de líder en esos grupos, imponer mensajes tóxicos tomados de la web puede resultarles una forma sencilla de tomar la iniciativa y convertirse en el centro de la atención de sus pares. Declaraciones escandalosas suelen ser las más llamativas y efectivas para eso. Pueden adoptar esos mensajes sin importales los detalles y consecuencias del contenido o porque constituyen una suerte de racionalización o respuesta a problemas propios.

El entorno familiar de los menores pueden darles o no herramientas o cuidados para filtrar propuestas tóxicas.

Existen aplicaciones que se instalan en los celulares de padres e hijos y que permiten a los adultos tener algún control sobre los sitios web a los que acceden y el tiempo que usan el dispositivo. Esto es un complemento, pero no sustituye, la comunicación continua entre padres e hijos.

Hay adultos que pueden sentirse descalificados para entender el mundo digital en el que sus hijos pasan tanto tiempo. Es importante tener claro que el uso de la Inteligencia Artificial Generativa, TikTok, Instagram y otras redes sociales por parte de los menores no implica automáticamente que ellos tengan conocimientos superiores de informática que les impedirían a los padres cuidar a sus hijos. Esas aplicaciones son extremadamente fáciles de usar por diseño.

Es sabido, además, que la forma en que suministran contenido está cuidadosamente programada, el tan mencionado algorítmo, para mantener a su audiencia el mayor tiempo posible dentro de la aplicación, y que suelen aprovechar el fenómeno de que el contenido negativo causa mayor atención.

Lo que sí representa una dificultad inicial para ayudar a los menores son sus jergas y cambiantes modas en las interacciones en la web.

Una dificultad mucho mayor son los grupos privados en salas de chat y otras plataformas.

Una de las formas en que el mundo de los adultos afecta negativamente la posibilidad de que los menores desarrollen filtros es la creciente difusión de “teorías” de conspiración más o menos absurdas: los chemtrails, la plandemia, los aviones rompetormentas, las antenas de 5G, las vacunas dañinas, la geoingeniería, etc.

Esos rumores crean un ambiente intelectual en el que propuestas descabelladas sin consistencia lógica son moneda corriente, lo que disminuye la posibilidad de que un discurso más analítico tenga un valor social alto.

Esto me lleva a pensar que una forma de introducir el pensamiento crítico en los menores para que puedan defenderse sería incluir en las escuelas clases en las que se refuten algunas de las "teorías" de conspiración más conocidas y se detallen sus falacias lógicas así como mostrar métodos de verificación de hechos.

Un primer paso sencillo para empezar a mostrar cómo analizar de forma crítica la oferta de contenido en la web es mostrar cómo funciona la estafa de las apuestas en línea y la forma en que operan algunos influencers. Descubrir cómo funcionan esas estafas empodera y crea interés y entusiasmo en cultivar el pensamiento crítico y aplicarlo a más situaciones.

Las estafas de los casinos en línea se basan en crear la ilusión de que el casino online funciona igual que el casino físico real. En este último, en promedio, la gente pierde, pero uno puede ver, por ejemplo, que alguien acierta una gran apuesta y, si esa persona es suficientemente inteligente, puede irse inmediatamente con su ganancia. Eso no ocurre en el casino online. En este, uno está frente a un programa informático con un algoritmo cuidadosamente diseñado por psicólogos para proporcionar al apostador una secuencia de ganancias y pérdidas, asegurándose de que no deje de apostar y que termine perdiendo. Si al apostador le sale un número al que no apostó, no verá a otro ganando, porque el algoritmo crea un casino enteramente diseñado para cada apostador en cada ocasión. (Explicaré esto con más detalle en un futuro artículo.)

Algunos youtubers hacen simples estafas; por ejemplo, venden consejos financieros y muestran el éxito de su método con selfies en los que se exhiben con autos y casas de lujo acompañados de hermosas mujeres. En algunos casos, otros youtubers demostraron que todo —autos, casas y mujeres— era alquilado por hora. Sea como fuere, a las empresas de plataformas como YouTube o Instagram, y al gobierno argentino, no les preocupan las estafas: los estafadores no son penalizados ni bloqueados de las plataformas.


Marcelo Acuña

8 de junio de 2026






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