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Política e Historia

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Milei y los dólares de la clase media

El discurso de Milei tiene como uno de sus ejes principales, sino el principal, la reducción del déficit fiscal a cero: los egresos de la Administración Pública no deben superar los ingresos por la recaudación impositiva. Lo contrario es la madre de todos los males. Los libertarios hablan (gritan/insultan) de "cerrar la Casa de la Moneda" y "dinamitar el Banco Central".

Sin entrar en detalles sobre hasta qué punto es esto deseable, todo ese discurso tuvo adhesión en personas con poco o ningún conocimiento de economía, en un contexto de justificado hartazgo con los gobiernos y las mafias tanto peronistas como antiperonistas.

(A medida que la población y la economía crecen, tiene que haber más circulante; y el gasto público, hasta cierto punto, puede y debe ser usado para estimular ciertos sectores o para solucionar algún problema emergente. El Banco Central es una herramienta imprescindible del gobierno; en Estados Unidos se llama Reserva Federal, y regula importantes variables de la economía. De hecho, las decisiones de la Reserva Federal sobre la tasa de referencia afectan la economía de todo el mundo).

A pesar de las promesas de Milei y de la esperanza de sus votantes de clase baja y media, Milei no está haciendo nada para bajar el déficit fiscal en forma estructural. Todo lo contrario.

La política de Milei se puede definir como "Menem Recargado". Al igual que Menem, destruye la Educación Pública, la industria nacional, el ingreso de los asalariados y muchos organismos y políticas del Estado: el presupuesto para combatir incendios forestales, los programas para prevenir el embarazo de las adolescentes, el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria —algo tan dañino para el país que organizaciones "del campo" protestaron—), el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo —algo bien en línea con su discurso de odio y la habitual política de crear divisiones entre la población generando enfrentamientos de "pobres contra pobres"—), la investigación científica, el Servicio Meteorológico Nacional, etc.

Para el análisis económico que quiero hacer en este artículo, me quedo con la destrucción de la industria nacional y el empobrecimiento de los asalariados. Resulta evidente que la promesa de Milei de eliminar el déficit de las cuentas públicas no cuadra con su política económica real. Si se destruye la producción nacional y se reducen los ingresos de los asalariados —por no mencionar los efectos económicos de la destrucción de la educación pública y la investigación científica—, los ingresos por recaudación impositiva caen y se necesita más destrucción de organismos fundamentales del Estado. No hay un cambio estructural bueno, sino un círculo vicioso que nos va a llevar a un estado de pobreza como nunca habíamos visto.

A corto plazo, esa reducción en los ingresos impositivos está siendo compensada por el aumento en la recaudación impositiva proveniente de la megaminería, el petróleo y los productos agropecuarios que se viene dando desde 2020 (gobierno kirchnerista). Milei quiere complementarlo con ventas de empresas y concesiones (al estilo Milei: una reciente concesión de rutas se hizo sin requerir obras). Pero todo eso no es sostenible: la economía extractivista no genera suficientes empleos y, más allá de la decisión de sacrificar el medio ambiente, hay límites estructurales que no puede atravesar.

(Me hizo reír mucho el politólogo Andrés Malamud en una entrevista cuando aseguró que para acabar con la mafia peronista en la provincia de Buenos Aires había que despoblarla llevando a la gente a trabajar en proyectos mineros y petroleros en la cordillera de Los Andes. Sin duda se comió de un solo mordisco los folletos de esas empresas. Simplemente no generan suficiente empleo e ingresos para ayudar ni siquiera a las provincias que contaminan, tal como se puede ver en las economías de dichas provincias. Los proyectos de megaminería, además de la espantosa contaminación que provocan, requieren una cantidad de energía eléctrica que simplemente no existe. De hecho, si la megaminería fuera una solución —y no lo es, como se puede ver en las economías de Santa Cruz y Catamarca, las provincias pioneras en esa actividad—, ya la tendríamos desde hace casi 25 años atrás, cuando Néstor Kirchner habilitó cientos de proyectos de megaminería y decretó las insólitas ventajas a la industria petrolera de tener un precio sostén y beneficios por explotación en zona desfavorable, la Patagonia).

(Los beneficios que concedió el kirchnerismo a la industria extractivista son únicos en el mundo. Para la minería son tan grandes que el CEO de Barrick Gold informó a sus accionistas que la extracción de oro y cobre en su megamina Veladero —dentro de la Biósfera San Guillermo, reconocida por la UNESCO, y destruyendo el ambiente periglaciar y glaciar— tenía un costo de extracción negativo. Es decir, tiene tantas exenciones impositivas, reintegros e incentivos económicos que estos cubren el costo de extracción y aún obtienen ganancias del proceso mismo de extracción. De hecho, durante el gobierno kirchnerista, la exportación de concentrados minerales de megaminas en Santa Cruz tiene un "reintegro" por exportar desde un puerto patagónico, como si les resultara conveniente llevar el mineral extraído en el sur de Santa Cruz hasta la provincia de Buenos Aires para embarcarlo allí).

En un plazo más largo, el panorama no puede ser menos sombrío. Bajo el gobierno de Milei se empiezan a cerrar las escuelas técnicas. Se va a implementar un mecanismo de vouchers, algo que ya se demostró en otros países que castiga a los sectores de menos recursos. La destrucción de la investigación científica, la industria nacional y el reemplazo por la especulación financiera —festejada por Milei y Caputo—, el extractivismo, el desempleo y el discurso de odio van a hundir a la sociedad en un pozo nunca antes visto.

Y si lo que hace Milei no es lo que prometió, ¿qué es lo que está haciendo? La mala noticia es para todos, menos para los muy pocos privilegiados.

Milei y la directora del FMI lo dejaron entrever. El ministro de Economía lo dijo muy claro cuando unos periodistas le preguntaron por la contradicción de lo que señalo arriba. Sin anestesia, respondió que la clase media va a tener que sacar los dólares del colchón para seguir viviendo. Antes, Kristalina Georgieva lo había señalado cuando respaldó el programa de Milei y citó que hay "disponibles" en el país más de 200 000 millones de dólares "extraíbles" de distintas fuentes. Milei lo dijo con menos claridad, pero también apuntó a lo mismo. La clase media se va a encontrar usando para gastos cotidianos los dólares reservados como ahorro o para grandes compras. De hecho, en los sectores más bajos de la clase media eso ya está sucediendo en forma de endeudamiento, que es uno de los factores por los que los niveles de recesión se ven un poco disimulados.

Así que es mejor que la clase media se quite la venda de los ojos, porque Milei va por ellos, como ya fue por nosotros, los asalariados y la clase baja. Los únicos "argentinos de bien" son los muy poderosos, las corporaciones extranjeras y las pequeñas, medianas o grandes mafias que lo acompañan (véase $LIBRA y las coimas del ANDIS, aunque es justo aclarar que el delito del gobierno fue sumar 3 puntos porcentuales a la coima estándar del kirchnerismo del 5%). El precio a pagar por haber sacado al kirchnerismo del gobierno es muy alto. Y lo peor: puede volver. Después de todo, el sistema político en el que estamos atrapados es el bipartidismo.


Marcelo Acuña

27 de marzo de 2026



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