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Política e Historia

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Marcos Novaro y los mitos de la dictadura militar

En una nota en TN Marcos Novaro encuentra que “Los 50 años del último Golpe coinciden con una oportunidad inédita para un debate más productivo sobre lo sucedido y los legados de la Dictadura, porque la doctrina manipulatoria en las últimas décadas dominante está ahora en decadencia”. Interesante. ¿Y qué más encuentra?

”Además del medio siglo del último Golpe de Estado” sigue escribiendo Novaro, “se cumple en estos momentos aproximadamente un cuarto de siglo de predominio casi absoluto, en no pocos ámbitos académicos, culturales y educacionales predominio total, de un enfoque sobre esa etapa del pasado que obturó la discusión razonable y la comprensión histórica de cuestiones fundamentales. (sic)”

Debo admitir de entrada que los peronistas se esforzaron mucho para encubrir los crímenes cometidos durante sus gobiernos. Novaro señala que “[…] ha sido muy tóxica la doctrina instaurada respecto al origen de la represión ilegal. La misma sanción del 24 de marzo como feriado nacional y 'día de la memoria' estuvo orientada a establecer que ese día de 1976 'se puso en marcha un genocidio', cuando en verdad los militares continuaron lo que venían haciendo al respecto desde bastante tiempo antes, y si ampliaron el alcance de la represión, lo hicieron con la misma metodología y recursos que el gobierno de Isabel Perón les había no solo avalado, sino empujado a usar.”

La política del peronismo, especialmente del kirchnerismo que se auto erigió en el dueño de los Derechos Humanos, ha sido que los crímenes de lesa humanidad sólo sucedieron durante la dictadura y en contra de peronistas. En ese relato no figuran ni la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) creada por el ministro de Bienestar Social del gobierno peronista, cuyos crímenes fueron luego reconocidos por la justicia de lesa humanidad, ni las desapariciones posteriores a 1983. Sin embargo, cabe señalar que el gobierno de los Perón no participó en la creación del Plan Cóndor, el cual coordinaba las fuerzas represivas en Latinoamérica bajo dirección de la CIA, incluso antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Novaro parece olvidar que los militares tenían ya en esos años un largo prontuario de golpes de Estado, asesinatos y torturas.

Luego Novaro va mucho más allá.

Entre los errores de estas ideas predominantes y manipulatorias está según Novaro, “la versión según la cual la función de la represión ilegal habría sido sostener la implementación de un programa económico ‘neoliberal y antipopular’ que respondía a los intereses del ‘gran capital nacional e internacional’”. Y para nuestra sorpresa, las pobres almas que sufrimos un lavado de cabeza, Novaro sigue con: “Cuando en verdad el programa económico del Proceso fue, durante los primeros cinco años, muy popular en casi todos los sectores sociales, y tuvo tanto de neoliberal como de desarrollista, y hasta de populista. Pues incrementó el gasto público y el déficit fiscal, la toma de deuda para abaratar el crédito y fortalecer el consumo, y mantuvo los subsidios a muy diversos sectores e industrias.”

¡Uahhh!

Difícilmente un programa económico pueda ser “neoliberal”, “desarrollista” y “hasta populista” al mismo tiempo. Es mas bien que Novaro no sabe de lo que está hablando.

Lo que realmente ocurrió fueron que el gasto público y el déficit fiscal fue, en gran parte, producto de la compra de armamento. Es fácil engañar con números.

La toma de deuda externa no fue para abaratar el crédito ni para fortalecer el consumo. Fue un favor a los bancos de Estados Unidos que se habían encontrado con un desbalance entre sus depósitos y préstamos, como consecuencia de los masivos depósitos provenientes de las dictaduras de los países petroleros de Oriente Medio.

Y los subsidios a ciertos “sectores e industrias” fueron, por una parte, producto de la típica corrupción —como en el caso conocido como la “patria contratista”— y, en lo referente a la industria, producto de la expansión de los subsidios a sus amigos industriales en Tierra del Fuego. Esta última fue la continuación de la iniciativa de Perón, y generó un absurdo e insostenible esquema de importaciones y costos de transporte que distorsiona la economía —la industria en Tierra del Fuego solo ensambla componentes importados: estos vienen del sudeste asiático, cruzan el Pacífico y desembarcan en Perú; de ahí cruzan la Cordillera de los Andes y, pasando por Buenos Aires, van en camión y barco hasta Tierra del Fuego; luego, el producto ensamblado es enviado a los grandes centros de consumo—.

Los periodistas y opinólogos enfrentan el problema de querer ser expertos en muchos temas en poco tiempo para poder cumplir con sus entregas.

¿Cómo le irá al opinólogo que escribe esto?


Marcelo Acuña

12 de abril de 2026



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